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viernes, 31 de mayo de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
La Testadura no. 36: Pensamiento Puñal por Leche de Virgen Trimegisto.
PENSAMIENTO PUÑAL
Lechedevirgen Trimegisto
Esta es una escritura triste, hirviendo a punto de ebullición.
Escribo desde el filo de la tierra, desde el fin del mundo, elborderline de los últimos tiempos.
Desde las heridas, desde las grietas, las cortaduras de un imperio fracasado, desde el espacio místico y ambiguo del cuartomundo, desde el cut—up intertextual de las postidentidades, porque ahora que me lees, esto soy: texto.
Escribo para aquellxs que son el target, que nacen en medio de fuego cruzado, subordinadxs a los márgenes, teniendo terror a los baños del colegio, lxs que odian las mañanas y el desayuno forzado. Para lxs que quieren hacer de su vida una obra maestra, morir como Ana Mendieta, Unica Zürn o Fred Herko, saltar en el vacío. Volar.
Para aquellxs que dar en el blanco significa una amenaza irónica, pues son de todos los colores menos el blanco.Cuerpos ocupados, desde la sala de operaciones abstracta, en el parto, líquido amniótico y sangre de madre, hasta el paredón, el ghetto, la cárcel, el hospital, apedreadxs, insultadxs, escupidxs, rechazadxs: impotentes.
Para aquellxs que un mal día se dieron cuenta que llevan cara de indio, tez de estiércol, lxs que odiaron su cuerpo, para lxs pocohombres, lxs mariachis, lxs que constituyen un atentado a la masculinidad hegemónica, directa o indirectamente, lxs que son culpables de lo que no cometieron, culpables de llevar el pecado en la carne y vivir la penitencia.
Para lxs que entienden el autosabotaje, la experiencia traumática, el hambre, lxs que dejaron la almohada empapada en lágrimas, lxs que dieron gritos en la regadera entre azulejos rotos y rastros de sangre. Para lxs que hemos aprendido a perder sangre. Para lxs que no nos dejan donarla. Sangre que sabemos sacarnos a punta de golpes, de abrasiones, de heridas flamígeras, de aparatos de autotortura DIY, sangrados caseros y públicos de cuerpos sometidos al filo, a lo punzante.
Para lxs de las lágrimas negras tatuadas en el rostro, lxs que nos travestimos con rasguños, cicatrices y moretones, doncellas de hierro, clavos de cristo de Iztapalapa, para lxs que perdieron la conciencia en la cantina gayfriendly, y al día siguiente sentían que cagaban vidrio molido. Para lxs que crecimos entre la omnipresencia del VIH y los poppers, lxs que aprendieron a disparar un arma antes de saber leer las instrucciones, para lxs que frecuentan el último vagón del metro, la cajita feliz, la zona rosa, lxs de provincia, en callejones con orines y húmedos besos furtivos que cortan por barbas mal rasuradas.
Para lxs prostitutxs, lxs desobedientes-obedientes, lxs sumisxs, lxs esclavos a distancia, moradores del cibersexo y mantras de placer. Lxs que se apagan cigarrillos en los brazos, lxs que se orinan encima, lxs que huelen su calzado y su ropa interior, lxs que se eyaculan el abdomen y lxs mirones, lxs delincuentes, lxs criminales, lxs más buscados.
Habito en medio de fiesta y violencia, entre balas y adornos de papel china, carros alegóricos y obituarios, entre castillos de pirotecnia religiosa y procesiones de algodones de azúcar, santos cubiertos por telas púrpuras y narcomenudeo, grapas, tachas, trakas, chemos y monas de sabores. Niñxs chicleros, cilindreros, franeleros, limpiaparabrisas, tragafuegos, con labio leporino, a las espaldas envueltos en rebozos, mutilados, felices. Putitos, Vestidas con tacones de aguja, Chichifos deliciosos con vergas erectas empalmadas al abdomen, Mariquitas con angel-face, Jotas, Peluqueras, Vaqueros, Locas, Azotadas, Mayatones zumbantes, Muerdealmohadas emplumados, Soplanucas sudados, Chacales rabiosos, Padrotes jorobados, Machorras en motocicleta, Bigotonas, Traileras, Machas, Marimachas, Tortilleras, Guerreras, Guardaespaldas, Quimeras, Trans_formers, Operadas, Momias, Maniquís, Mantícoras, Nosferatus con maniquiur.
¿Por qué?
Soy Puñal porque cuando doy sexo oral soy fakir, soy traga-espadas, experto en camas de clavos, carbones calientes y autoinmolación.
Soy Puñal porque la gruesa aguja que me perforó la espalda en aquella biopsia de riñón a los 19 años todavía sigue adentro, pinchando un pedazo de tejido enfermo, por el trapo que tuve que morder, por el ardor de la anestesia, por la sensación de tener mi cuerpo desnudo boca abajo, descubierto como si se tratará de una violación, de la penetración que nunca me dieron, de ese pene erecto que nunca gocé, porque me dejaron orinando litros de sangre durante la noche más larga de mi vida, y en la mañana me sacaron en silla de ruedas, llorando.
Soy Puñal por la cruz que cargo, por las siete espadas que le atraviesan el corazón a la virgen dolorosa, la misma que vi cuándo niño en misa de 11, obligado por mis padres a escuchar que iría al infierno, mientras me aterraban las imágenes sangrientas y brutales de mártires de madera, ánimas benditas del purgatorio, cristos negros con pies podridos encapsulados en féretros de cristal como blanca nieves, espaldas abiertas al látigo, costillas expuestas, agua bendita, pan de los domingos.
Soy Puñal barroco, churrigueresco, estofado a mano en hoja de oro, artesanal; por la arquitectura colonial de las iglesias y conventos de donde vivo, con escenas de moros e indios muertos en sus nichos, ángeles blancos y santospatronos güeros, por ese mismo puto coloniaje que aún me jode los huesos y me estigmatiza el cuerpo, por que aprendí a decir “sí señor”, “mande usted”, bajar la mirada y tenerle horror al vacío.
Soy Puñal de bronce, ciborg chapado a la antigua, mis gadgets son agujas, navajas y fileros, etnocyber-punk envuelto en alambre de púas, huiCholo atrapasueños. Soy moreno, mi piel de bronce bruñido como el cuerpo de Jesucristo en Apocalipsis 1:12: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.”
Soy Puñal de colección, espécimen regional heredero de Chela Sandoval, de Jodorowsky, de Arrabal y Topor, del Pánico!, de Buñuel, de Anzaldúa, de Melquiades, de Mago Melchor, de Gómez-Peña, de la Congelada, de Paco X., de Giuseppe Campuzano, de Gurrola, de SEMEFO, de Polvo de Gallina Negra, entre muchxs otrxs. Heredero de la genética cultural de Cantinflas, de Tin tán, de Mago Septién, de Ramón Valdez y el profesor Jirafales, de Chinchín el tepor8 y Gabriel Retes, de los bultos en los pantalones ajustados de Pedro Infante y Jorge Negrete en plena movida cruising, de Agustín Lara y sus “dos puñales” de hoja dama-esquina-mezquina, de Macario y su pacto con la muerte a través de un pollo rostizado, de Julio Esteban, de la “Risa en Vacaciones” y la “Carabina de Ambrosio” y un sin fin de mitologías mediatizadas. Porque soy “unos cuantos piquetitos” en la cara fresca de Khalo.
Soy Puñal revolucionario, Charro Negro con las bolas de fuego, por cogerme toreros mariquitas amarillos y rosas de culos sabrosos y floreados, corcel semental sentimental con rifle en el ano en honor a Zapata, cuarto jinete del armagedón kitsch, PornoMariachi neón exhibicionista, excitado, erecto, eyaculando en la plaza de las tres culturas, enfrente de la cámara.
Soy Puñal por lo pagano, por las limpias, porque como las balas rezadas nunca fallo, con bigote satánico tupido y enroscado entre mis dedos, estoy maldito, tengo el cuerpo demonizado, encarno el fenotipo latino del delincuente, del coyote, del sicario, del traficante, del brasero, del criminal, del vendedor de piratería, del narcomenudista, del indocumentado, del albañil, del desempleado, del drogadicto, del judas, del traidor, del chamuco, incluso del sex simbol. Custodio la entrada al infierno de cuerpos raros, diferentes. Dantesco, luciferino, Infrarrealista para «volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial» El Diablito ¡Lotería!
Soy Puñal por el filo de mi cuerpo como arma blanca, blanca por el brillo cegador de la plata y el mercurio, mas no por el régimen de mierda de dominación patriarcal occidentalista del hombre blanco, rico y heteronormativo. Porque mi cuerpo es el arma más poderosa, porque un Puñal se empuña a sí mismo, porque se empodera blandiendo su verga, desde niño “jugando espaditas” con otros niños como primer contacto erótico de caballeritos y pajes enamorados. Porque la agencia Puñal comienza por penetrarse el recto con el mango de un cuchillo de carnicero, dando el culo al aire, rasgando el cielo, amenazante, y termina por navajearse el abdomen atlético, tenso, sangrante.
Soy Puñal y herida. Penetrador y penetrable. Cuerpo lleno de bordes, de filos, de fisuras y surcos. Una cartografía de suturas y cicatrices, paisaje de carne dividido por líneas imaginarias y táctiles, interseccional, trans-fronterizo, subalterno. Soy Puñal por el bisturí, porque cortó lo que me sobraba, por la contención-pérdida del sacrificio, por mi piel en el suelo plegada como un abrigo, por mis músculos expuestos, por mi cuerpo vació y sin órganos, mi cuerpo explícito, desollado. Porque el dolor es el secreto a voces del perfecto encerado, porque el brillo del Puñal está en sus ojos y se licúa llorando sangre, como santo milagroso. Por que la verdadera penetración es la que rasga el cuerpo, perfora el tejido y se clava donde no hay agujero.
Soy Puñal, porque me clavo cuando me dan la espalda, porque para ellos soy traidor, por ir en contra de la ley natural, del orden social y las buenas costumbres, por penetrarles el culo hasta que sangran. Por ser abyecto, por traicionar a mi patria, a mi gobierno, a los deseos de mi madre y mi padre, a la biología y la genética, a la academia y las pinches “Bellas Artes”, al racismo, al clasismo y al sexismo, por decirle NO a ser un Macho, porque de macho cabrío sólo tengo la pata izquierda, por no ser un “hombre hecho y derecho”, por no procrear sino crear, por no golpear mujeres, por no matar jotitos, por no saber manejar o andar en bicicleta, por negarme a reproducir sus sistemas de control sobre mi cuerpo y la vida. Por ser antagonista, anti-héroe, escoger ser el fuego en lugar de Prometeo. Por ser la serpiente y no el águila. Ponzoña punzocortante.
Soy Puñal alquímico, por ser forjado entre la política y la magia. Por el acto colectivo del desgarramiento ritual, por la transmutación de los metales: sube y baja la navaja, por el cuerpo como máquina experimental y la experiencia pánica de lo irracional, como al cortarme el brazo y ver mi tejido adiposo. Por el epifenómeno y la serendipia. Por lo afirmativo, por la fiesta de pueblo, por el Pandemonio, la Hecatombe, por la santa triada del humor, el terror y la euforia. Porque estoy al sur, porque así emigran las aves, porque mis performances son performans, porque Queer, aquí es Cuir, y entonces mis performans son Viacrusis, Cuirformans: Auto-apocalipsis: hacia una Mística Cuir.
Soy Puñal sintomático, por la puta glomeruloesclerosis, porque se apodera de mis riñones, petrificándolos. Soy Puñal crónico, irreversible, enfermo, progresivo, por las 9 pastillas diarias, por sus efectos secundarios: calambres en las piernas, herpes zoster, mareos, un hambre insaciable, hinchazón del rostro, erupciones en la piel, con sueño y sin poder caminar; bomba molotov de corticoides,cocktail de clavos. Por la intravenosa, por los múltiples días de ayuno sagrado para aquellos análisis de sangre, por los moretones en el brazo, por ser confundido con un heroinómano, por la presión de la liga, por apretar el puño, por las muestras de orina, por la creatinina al azar o la proteinuria microscópica. Por el frío del material quirúrgico y la plancha de la morgue, por la bata del hospital y por las manos de las enfermeras y el estetoscopio. Soldadito de plomo ahogado en su propia orina. Por ser tratado como espécimen, como experimento de laboratorio, como una rareza, curioso, señalado, exotizado y diagnosticado por la tecno-ciencia. Por el auto-sabotaje de mi cuerpo vs mi cuerpo, por la estrategia trágica de lo auto-inmune, de lo inevitable. VIH prefabricado. Portador de malas noticias. No hay vuelta atrás, soy Puñal.
Soy Puñal por lo obsceno(enescena) de mis cortes y superficies sangrantes, porque soy “actor” (pos)porno, porque soy cuerpo atrapado en lo (caleidos)escópico, por los enemas de convulsión-expulsión.
Soy Puñal porque no tengo huevos, porque me castraron cuándo niño, porque para tenerlos fui a buscar al conejo de los huevos de pascua, a la gallina de los huevos dorados y porque igual que Humpty Dumpty salte y me rompí en miles de pedazos, porque ninguno de ellos me salvó, porque nadie me supo encontrar, porque no llegue al final feliz, porque duermo con un oso de peluche, porque me aterra estar sólo, porque lo más hermoso es lo que más me destruye, lo más poderoso. Ser devorado por miles de mariposas, cubriéndome hasta que no quede nada, ni una partícula de mí.
Soy Puñal encubierto, insider-outsider, entrando-saliendo de la piel, de las categorías y los presupuestos capitalistas del orden establecido, porque soy forajido y refugiado, porque no me ajusto a sus estándares, porque me obligaron y aprendí a volverme líquido, aprendí a habitar los límites, a mantenerme vulnerable. Porque me ven y dicen “Ni hablar mujer, tu traes puñal” y les contesto que lo llevo entre las piernas! Porque estoy infiltrado, porque soy terrorista, porque trafico armas con mi cuerpo, porque me trafico a mí mismo. A fucking Stab in the back of the old political system. Serial killer, Slasher político travestido de artista.
Soy Puñal por no querer/poder identificarme con las lógicas maricas, por no tener el privilegio homonormativo de pertenecer a la clase alta, ser apuesto y limpio. Por no pasar el dresscode del gayness, por no tener “sentido de la moda” y por no seguir sus juegos con condones gratis y música dance, porque no sé bailar, porque no practico la jotez misógina heterofóbica, porque yo no vengo de un closet, vengo del averno, porque lo Gay es un puto estilo de vida, y lo Marica está siendo absorbido de manera acrítica e irreflexiva por la imposición/colonización de los QueerNewAgeHipsters, por el sonado “dinero rosa-mexicano”, porque creen que la palabra “queer”salió de “Queer as folk” y porque lo convierten en producto de consumo y lo peor! Lo consumen: labiales, bigotes falsos, tacones y gorros de fiesta, disfraces en lugar de indumentaria politizada, cerveza queer, restaurantes queer, papel higiénico queer, todoqueer, posters de la Preciado, rockstars y pin ups queer, porque ahora todo “joto con huevos” se dice Marica, porque de este lado no hay suficiente testo gel, porque la ética de Vidarte no funciona en estos lares. Soy Puñal por las arcadas del vómito que ocasionan la salida de lágrimas, mismas arcadas de las puñaladas, porque me sé de memoria el camino al baño aun con los ojos cerrados, por la epistaxis que mancha mi camisa blanca, porque cuando sangras de la nariz conoces tragedia, porque levantas el rostro directo a la bóveda del cielo como si hicieras una plegaria, mientras aprietas el tabique esperando a que pare el sangrado, porque alguna vez casi me ahogo con esa sangre, porque paso a las 3am y mis padres pensaron en llevarme a urgencias, porque amanecí con un tapón coagulado que me impedía respirar. Por las burbujas del agua oxigenada. Porque mi cabello está maltratado, porque mi expansión es falsa y porque todos pronuncian mal mi nombre.
Soy Puñal por los rasguños en mi espalda y los chupetones en mi cuello, por las mordidas en los labios, por los derrames oculares, por los moretones en los codos y rodillas, por la circuncisión que no me hicieron, por la mierda en mi prepucio, porque no voy a soportar la vejez de mis padres, porque a veces no miro cuando cruzo la calle, porque no me detengo enfrente de un autobús en movimiento, por el desprendimiento de mis uñas al rasgar la pared, por el rompimiento del frenillo de mi glande. Porque voy en la búsqueda eterna de la estrategia perfecta que me permita aniquilarme sin que mi meta sea morir.
Para muchos, lamentablemente, Puñal, será solamente una denominación taxonómica más, lo describirán como una marica frustrada y violenta, encaprichada y llena de rencor. Sus ojos no verán más allá de lo que están acostumbrados a ver, y eso, eso será la ventaja.
Sin embargo: No se trata de “Ser” Puñal, porque Puñal no es una categoría más, porque las categorías producen síndrome de Estocolmo, estancadas, totémicas, cerradas, camisas de fuerza, donde a través de la idea de “identificación” secuestran a quien la porta, Puñal es un espacio crítico de pensamiento radical. En el tarot las espadas simbolizan el lenguaje y el pensamiento, se trata pues de afilarse. No se trata de nombrarse Puñal, se trata de aPUÑALar, de volverse verbo, porque ante todo Puñal es acción en el mundo. Puñal no se conforma con la apropiación de la injuria, va más allá, Puñal se trata de un arma de doble filo, al tiempo que te haces daño, les haces daño; ver en el insulto una vía de redención y fiesta, se trata de dejar de pensar en defensas inútiles, para avanzar a ofensivas drásticas, se trata de concentrar la fuerza en el malestar, en el hambre, en el dolor de estómago, se trata de afilarse cada borde del cuerpo, de ser repetitivo porque solo así se saca el filo. Contradictorio y ambiguo, atentar contra la idea de “salud” por todas las vías posibles, atentar contra los límites corporales, que a su vez serán los límites culturales, pues somos maquetas en miniatura de donde somos formados, al mismo tiempo somos la presentación hologramática de la humanidad, en mi cuerpo descansan todos los seres vivos, lo que le pasa a mi cuerpo le pasa al mundo. Anima Mundis del Puñal. Porque Puñal no une, no busca hacer lazos, busca romper, busca separar, como la navaja que entra en la piel y deja una herida profunda, busca desgarrar para abrir camino a algo nuevo, a la sangre nueva brotando a borbotones rojos, porque a partir de la separación de la piel en dos se origina la cicatriz, cicatriz que une ambos continentes, piel nueva, más oscura, más sana, más resistente. Porque el Puñal no busca la mutilación, sino la multiplicación. Porque sus lógicas del corte son celulares y exponenciales. Porque el Puñal tiene aliados en medida de intercambio de fluidos y el festejo del dolor, de pactos de sangre, de abrir las heridas y juntarlas, de fiestas comunitarias en las zonas irracionales de lo inconcebible. Porque Puñal encuentra el punto de encuentro en la vulnerabilidad, porque todxs somxs vulnerables, todxs sangramos, todxs sentimos dolor. Porque para el Puñal, el dolor es el maestro, es la vía.
El Puñal habrá de navajear el género, la discriminación clasista y el racismo, el abuso, la explotación y el control de cuerpos y mentes, navajear los dispositivos de poder que operan en y desde la cultura, sin embargo, se sabe inmerso en ellos, partícipe de ellos y construido a partir de ellos, su proceso de desactivación implica el quehacer-puñal, el collage, el corte-y-pega, el quebrantahuesos, el cadaverexquisito, el insider-outsider “entra sale la navaja”. Tolerante con lo ambiguo, en ese sentido será primo hermano político de la conciencia mestiza, el pensamiento diferencial, el feminismo ciborg del tercermundo, el transfeminismo anarkocuir y las estrategias decoloniales; así como de la psicomagia, el acto mágico y poético, el epifenómeno, la alquimia prehispánica y las fiestas paganas de los pueblos católicos, del tiempo santo y la verbena, del peyote brujo, del pánico y el pandemonio. Cuerpo sin Órganos, Cuerpo Explícito, Cuerpo Sacrificial afirmativo y festivo, en dirección hacia una mística cuir. Porque PUÑAL es acto creativo, es Arte.
P
U
Ñ
A
L
.
ADVERTENCIA:
Esto no es una “Receta Política”, se trata de un ejemplo acerca de cómo construir un pensamiento crítico y reflexivo. Esto no es una categoría sino un espacio de acción creativa y pánica. No podrás devenir Puñal, pero si podrás aPUÑALar el sistema. Un llamado a afilarnos y revitalizar la disidencia con sangre nueva. Ideología punzocortante, metáfora encarnada y propuesta mágico-radical.
Noviembre, 2012.
miércoles, 13 de marzo de 2013
domingo, 10 de marzo de 2013
La Testadura, una literatura de paso no. 34: Nunca me ha gustado el Crack y Azul Marino por Javier Salinas.


Nunca me ha gustado el crack
I Don´t Like The
Drugs (But The Drugs Like Me)
Marilyn Manson
Llevo dos o tres días
sin dormir, mi estómago está totalmente vacío, mi organismo rechaza el
alimento, solo puedo ingerir agua y suero. El calor complica más las cosas en
este cuarto de 3 por 4
metros en la asquerosa vecindad, donde el suelo me
recibe como tantas veces: muerto, desnudo, sudado, tembloroso y despierto. Hay
cenizas de cigarro, trocitos de papel aluminio y pedazos de crack regados en el
suelo; ya no puedo fumar más, no soporto este sabor.
Creo que en el mundo
hay tres tipos de personas: los que venden, los que compran, y los que
consumen. Desde luego yo soy de los últimos.
Recuerdo que tenía
quince años, cuando fumé piedra por primera vez. Comencé como todos, inhalando
coca. La coca, nunca me gustó demasiado, pero siempre desde niño tuve la
impresión que al inhalarla me vería como aquellos personajes de las películas,
tan genial, tan urbano, tan night life, tan New York, aunque mis primeros
jalones fueran en el barrio del tepetate, en la tienda de uniformes deportivos (piratas)
de una compañera de la prepa. Me sentía tan glamuroso, tan chic.
Aún recuerdo por qué
decidí comenzar a inhalar, todo el mundo decía que la coca quita el hambre, el
sueño, la flojera. En las noticias y las revistas leía sobre las muertes de
modelos, y actores, relacionados con el glamuroso vicio. Famosos, que en
efecto, iban desapareciendo poco a poco, eso me gustó, duré aproximadamente un
año, inhalando coca casi todos los días, comiendo muy poco, sin embargo nunca
sentí realmente comenzar a desaparecer, siempre me he visto demasiado gordo,
siempre me he sentido así.
Al comenzar a fumar crack,
me di cuenta que en realidad inhibía la ansiedad que a veces siento por la
comida, eso me agradó mucho, pero a ello se contrapusieron los estados de por sí
elevados de paranoia en mi persona, el sabor horrible, el olor insoportable, la
enajenación. El punto es que una vez terminé encerrado por días en el motel Aobsil,
con un amigo que conocía de la secundaría y un distribuidor, me di el peor atascón de crack en toda mi
vida. Cada uno perdido en su mundo; el dealer fumaba sentado en una silla junto
a la cama, mi amigo fumaba enajenado sentado en la cama viendo en la televisión
la variedad de canales porno y yo encerrado en el baño fumé por horas o días
frente al espejo. Cada uno inmóvil en su sitio, mudo, enajenado y solo; perdido
en ese punto, la pequeña piedra colocada en un montoncillo de cenizas sobre una
lata de cerveza agujerada, recuerdo que una mañana salí a pie de aquel motel,
no recuerdo el día ni la hora, caminé un
largo tramo y después tome un taxi hacia mi casa.
Siempre creí que no
tengo que seguir haciendo algo que en realidad
no me gusta, así que dejé el crack, por años, de repente cuando alguien
fumaba, me daba unos jalones pero en realidad no era que se me antojara o lo
necesitara, era para compartir un momento entre amigos, solamente.
Un viernes recibí una
llamada, era Marco, recién salido del tutelar, había estado ahí un par de meses
por portar cocaína, lo detuvieron una vez que se dirigía hacia mi casa para
beber e inhalar, antes de salir a alguna fiesta.
Me sorprendió mucho oír
su voz, entonces quedamos en vernos, en seguida llegó a mi casa, compramos
algunas cervezas, fumamos un poco de mota y caminamos hacia el centro. Como era
de esperarse, Marco tenía algo en mente, me dijo que esperaríamos a un primo
suyo, antes de ir a la fiesta, porque tenía que entregarle un dinero a cambio
de una mercancía. Al llegar el primo, Marco entregó una suma de dinero a cambio
de una onza de crack ya fraccionado en papeles de 100, el cual venderíamos esa misma noche.
Al llegar a la reunión,
la gente ya se encontraba colocada: ebrios, marihuanos, monas y algunos cocainómanos;
entonces compramos unas cervezas, fumamos más mota y conseguimos unas monas con
unos cholos del tintero. Algo pasa con las monas, así tengas el bóxer lleno de
crack o tachas, siempre se antoja una mona, tal vez es la nostalgia del
suburbio, del barrio, de la calle, de los amigos que se fueron y ya no están.
Después buscamos entre
los pies horrendos de la gente horrenda, una lata de aluminio vacía, nos
dirigimos al baño, la agujeré de inmediato y nos encerramos a fumar el crack,
la lata se cayó un par de veces al escusado, pues las torpes manos de Marco no
podían sostenerle, así que sin ningún empacho solamente la recogía de aquel
estanque rebosando de orines, la limpiaba superficialmente con su playera y aún
goteando, volvíamos a colocar la ceniza y la piedra para fumar de nuevo. Cuando eres adicto, lo único vergonzoso es la
sobriedad.
La fiesta, como todas,
a los pocos minutos terminó aburriéndonos, mi asco hacia la gente me impidió hablar
para ofrecerles el producto, Marco ya andaba hasta las trancas, esa noche no
vendimos nada.
La noche siguiente
asistimos a unas tres fiestas, igual de aburridas y pendejas todas, en las que
no duramos más de 20 minutos, la gente otra vez, y para colmo la misma gente,
es Querétaro, siempre son los mismos, con las mismas ropas feas y los mismos
amigos reciclados, haciendo siempre las mismas pendejadas. ¡Qué hueva! decidimos
como siempre terminar los dos solos en casa, con música, con drogas, con él,
conmigo.
Hace poco más de dos
semanas que lo han internado, es muy fácil para las personas procrear, malcriar
a sus hijos y después echarles a un anexo, creo que hay gente que no debería
parir, hay gente que no debería existir, hace poco más de dos semanas que no
suena mi teléfono, que no hablo con nadie, que no salgo, que no me levanto.
¿Por qué toda la gente
que de verdad me importa no me dura más de tres semanas?
Apenas salió del tutelar y ahora en un anexo,
qué difícil es tener catorce años en la actualidad, en mis tiempos cuando tenía
catorce solo me preocupaba por conseguir alguna droga para poder desaburrirme,
ahora a los catorce o eres dealer, o estás en un anexo.
No, definitivamente
nunca me ha gustado el crack, y menos ahora, fumo por fumar, fumo por
nostalgia, fumo por mi eterno afán de adelgazar, fumo porque no hay nada que
hacer, fumo para intentar, como esos famosos, desaparecer.
Sé que cuando se
termine el último papel, dejaré de fumar un largo tiempo, ahora lo único que quiero es dormir días
completos, despertar, beber agua y volver a dormir. Aunque por ahora solo
importa esta ansiedad, este calor, estos trozos de crack, esta pequeña
habitación inhabitable, esta sucia vecindad, este puto aburrimiento que siempre
me agobia, estas ganas de nada, este enorme hueco.
Ojalá mi vida fuera
menos aburrida, menos predecible, menos sencilla.
Javier Salinas Rivera (Basura)
05 de mayo de 2011
Azul
marino
No sabemos si en
realidad las cosas son mejor así: Escasas apropósito. Tal vez son mejor así:
Reales, vulgares, mediocres, profundamente estúpidas. Después de todo aquello
no era mi vida.
Rosa
Schwarzer
Colgué el auricular y
salí de casa, caminando sobre las ruinosas calles destruidas, con un aire
suburbano, pisando las rocas destrozadas de la vieja carretera, entre los
montones arrumbados de arena, tierra y tepetate, empujados por el viento
estrellándose en mi rostro, como pequeños cristales congelados que se
enterraban bruscamente en mis mejillas. El escenario perfecto para una persona
rota, fragmentada en tiempos ajenos, que forman parte de la sincrética ensalada
anacrónica de mi existencia.
Aprisa recorrí los
baldíos de la hierva seca y espinosa, contra el pesado viento del invierno,
mientras encendía el Hiter repleto de una marihuana roja con ahorma penetrante,
que dio brillo a mi camino, frente al edificio vacío donde muchas veces
imaginamos los suicidios que jamás perpetramos.
Al llegar al punto
exacto del encuentro, bajo el efecto de la Cannabis Sativa ,
esperé un par de minutos, mientras se acercaba su silueta tan delgada, casi transparente.
En una especie de alucinación semidesértica, en las alturas de la nada.
Era Alex, un amigo que
conoció mi estado más deplorable, post-putrefacto, cubierto con el vaho de la
miseria más decadente que he experimentado. Y aun así, bajo la lepra que
Lautremont mejor describe, él siempre estuvo ahí.
Abordamos la ruta 24 en
dirección al centro de la ciudad, hacia el Centro Deportivo Estatal. Llegando
al edificio, entramos por la enorme puerta del estacionamiento y subimos unas
escaleras suspendidas en una estructura metálica pintada de color azul marino,
que daban a un enorme cuarto de baño con muchos compartimientos, y un espejo
grande donde nos plantamos para capturar con esa Nikon roja los detalles del
re-encuentro.
El baño totalmente
vacío, con sus puertas entreabiertas, tan morbosas, bajo el claroscuro de la
tarde frente al gran urinal goteante de color plateado, viejo, sarroso y
desgastado. Dejando solamente un pasillo estrecho. Tan erótico momento
invitando a internarse entre sus puertas, rincones y fétidos los aromas, hasta
caer de golpe en el último compartimiento, y efectuar un acto erótico entre la
más profunda suciedad.
-
Jaja, no mames wey, acabo de recordad
una historia bien cagada, guarra, por supuesto.
-
¿Qué wey?
Pues mira se trata de un
amigo que conozco desde la secundaria, pero ya cuando íbamos en la prepa, él y
yo estábamos matriculado en el gimnasio que se encuentra bajando las escaleras.
Veníamos a hacer pesas y esas rutinas mamonas que solo hacen más ancho y pesado
el cuerpo, en fin, casi todas las tardes llegábamos a la misma hora, para hacer
juntos la rutina, como de 5:00 a 7:00 más o menos. Una tarde que él no llegaba,
pues me puse a hacer la rutina, y mientras contaba una tras otra, las series de
25 abdominales que tenía que trabajar ese día. De repente apareció, despeinado,
ebrio y con la ropa sucia, aun llevaba puesto su uniforme del ACSEC, una
escuelilla cagada que está a unas cuantas cuadres de aquí.
Tambaleante se acercó
hacia la entrada, me llamó hacia a fuera y al salir a ver porque se encontraba
en tal estado, me contó muy exaltado que se sentía mal, como arrepentido y con
asco. Yo le dije que era obvio por su estado de ebriedad, me dijo que no era
por eso, que aparte de la borrachera que cargaba, había pasado algo más que
tenía que contar me, pero antes me hizo jurarle que no le diría nada a nadie
jamás. Fui por mis cosas y entré al vestidor a cambiarme de ropa, ah, y claro,
le juré que jamás le contaría a alguien, que a demás cualquier día esos se me
olvidaría.
Y luego comenzó:
Conste, eh wey. Bueno, es que: hoy me salí de la escuela con unos de mi salón
como a las 10:00 de la mañana, pues nos tocaba con el puto de inglés, y desde
que Santiago ya no se lo coge, se porta bien culero con todos los del grupo, y
la neta no quisimos entrar a su clase, y mejor nos fuimos a pistear a la casa
del Brairo, es un wey medio chaco que vive por las Hadas. Primero armamos unas caguamas y unas viñas de
dos litros, pero ya sabes, después terminamos tomando Tonayan con un Frisco
bien culero disque de horchata, y pues al final como que me crucé wey.
Después del Tona ya
nadie teníamos varo, y cada quien se fue a su casa. Yo me fui caminando con
Santiago un wey de mi salón el que antes se cogía al profe de inglés. Le dije
que me acompañara al auditorio y se esperara conmigo mientras daban las 5:00
para no esperarte solo y como apenas eran las 4:00, ese wey me dijo que
pasáramos a un OXXO por una viña, que además, él todavía traía como 70 varos.
Al salir del OXXO
escondimos bien la Viña en mi mochila,
nos metimos al auditorio y nos pusimos a tomar aquí en las gradas, casi hasta
la última de arriba.
De repente, no sé por
qué pero comenzamos a hablar de sexo, de a quien nos hemos cogido o a quien nos
gustaría metérsela, de las viejas de ahí del salón, bueno de toda la escuela. Y
pues la neta se me puso dura en corto, y le dije: mira wey, ya se me paró, y le
enseñé la verga por debajo del pantalón apretándola con mis dos manos como
ofreciéndosela, y el puto que me dice: a ver wey. Y en eso me la agarró así
como jugando wey, pues de compas, no? Y yo también se la agarré, pero así, por
encima del panto y de volada, jugando, pues.
A ver sácatela, me
dijo. Yo le dije que no mamara, que nel, que ahí alguien podía vernos, y el
pinche Santy nada pendejo, me dice: pues vamos al baño wey, además aquí se ve
que no entra nadie.
Caminamos asta el baño,
y pues sí, la neta estaba todo vacío, y nos dirigimos asta el ultimo sitio,
entramos los dos en la cabina, cerramos la puerta y pusimos las mochilas en frente
por si llegara a entrar alguien, pues que no se vieran los cuatro pies, no?
Ya estando ahí, me
saqué la verga, dejando el pantalón al ras de mis rodillas y ese elhizo
lomismo, entonces comenzamos a jalárnosla (cada uno la suya) y luego ese wey me
la empezó a chaquetear a mí, yo también se la agarré y lo empecé a masturbar,
hasta que me dijo como en wasa, que se la metiera, y luego él mela metería a
mi. Y le dije que no mamara, aunque al final acepté, pero con la condición de
que yo lo penetraría primero.
Entonces el vato se
volteó y se escupió en la mano, para luego pasarse los dedos por el culo,
embarrándose la saliva, para que le entrara más rápido, yo creo. Y en eso que se la dejo ir, bueno costó un
poco de trabajo, primero como que no le entraba bien, asta se me dobló la verga
una vez, pero ya después se la dejé ir wey, se empecé a meter suavecito, pero
de repente se la dejé ir toda de putazo, y él hasta gritó, bueno gimió bien
cagado, así como vieja wey.
Y luego como que se
agüitó, porque aunque aguantó un ratillo, luego se la sacó y me dijo: ahora me
toca a mí. Ni pedo ya me tocaba darme la vuelta y aguantar la verga de ese wey,
un trato es un trato, y más entre compas, qué no?
Me di la vuelta, el wey
me escupió en el culo, no mames como que me dio asco, pero ni pedo. Sentí cómo
su saliva caliente se escurría entre mis nalgas, mientras, con sus dedos
acariciaba despacio mi culo, de manera rítmica en un movimiento circular, y de
repente me puso su verga en el culo, y despacio me la comenzó a meter, asta que
en un movimiento brusco entró completa, de repente.
No mames, en eso me
hice para adelante, en una reacción casi inconsciente ocasionada por el dolor,
no mames es que duele culerísimo wey, como si cagaras, pero una pinche cacota,
neta duele bien culero.
Santiago se burló de mi
y me dijo que aguantara, pero nel, lo mandé a la verga, y le dije que la neta
yo no, que mejor nos fuéramos. Me respondió que terminara, que mejor yo se la
metiera si quería, y por supuesto que quise, como ya estábamos ahí y la neta yo
si me quería venir, pues lo voltee, se la metí de nuevo, y me vine en chinga wey. De volada me subí el
bóxer, luego el pantalón y resalí de volada, aprovechando que, mientras
Santiago se subía el pantalón, se le cayó su celular en el retrete. Me gritó
algo, creo que dijo que lo esperara, pero mejor bajé por Ti.
-
No mames, o sea que acaba de pasar?
-
Si wey ahorita.
-
jajajajajaja
Así terminó la historia
de mi compa, ¿cómo vez Alex? Bueno, al menos lo que le pasó en este baño, con
su pinche amigo gordo, un taquero asqueroso de Los Sauces, pero pues iban en el
mismo salón.
Alex solo se burló, no
tuvo ningún comentario al respecto, pero su sonrisa lo decía todo, una reacción
cagada, para una historia de cagada. Después de habernos tomado varias fotos
frente al inseminado espejo, salimos de aquel baño, mientras Alex digería la
primera experiencia homosexual de ese amigo, la cual le había contado.
Atravesamos el centro
caminando hasta llegar a la exposición de carteles que se exhiben en la galería
urbana alrededor de la alameda. Comenzamos el recorrido por la calle de
Corregidora, vimos detalladamente algunos, otros simplemente, no lograron
atraernos, asta llegar a la entrada del parque por la avenida Constituyentes.
El parque aún permanecía abierto, y decidimos entrar bajo la protección de la
oscuridad, entre sus bancas solitarias, en espectáculo barroco, entre los
árboles y las escasas luces que difuminaban más los tramos boscosos de la
alameda central.
Nos detuvimos en una de
sus bancas frías, entre la oscura soledad. Con el culo congelado y el ardor del
desencanto, las ideas efervescentes disparadas salieron de mi boca, en un
discurso totalmente discordante, contra la opinión de la mayoría de la gente
que creen que el progreso, triunfo o excito individual, recaen en la cantidad
de dinero que uno carga en los bolsillos. En un mundo, donde la ausencia del
asqueroso representa una debilidad o incapacidad que se resume en el fracaso.
Le expresé, que: la
gente no comprende que habemos personas a las que no nos importa el dinero como
representación de un logro personal; que habemos personas que sí hacemos lo que
nos gusta, que sí amamos lo que hacemos, aunque apostemos todo por hacerlo.
Le conté que esa tarde
había salido furioso de mi casa, y no era la primera vez que el discurso del
dinero me orillara a salir casi corriendo y buscar la paz dentro del caos. Le
dije que: mientras le contaba a mi madre
(durante la visita que me hace semanalmente) de las cosas que he leído y sobre
el impacto que han tenido en mi persona.
Simplemente evade la
conversación con temas tan vulgares como el dinero, las carencia, el
financiamiento, los préstamos, de la taza de intereses, o de las relaciones
fallidas, del desencanto del amor, de los golpes, los hijos, el divorcio, o
cualquier tipo de chismorreo que yo considero superficial.
Por eso decidí salir,
para encontrarme con los extraños de siempre, que se emocionan con las cosas
que yo hago, que digo, que vivo, o escribo. Pues me entró como flecha en la
mente el golpe fantasma del Fénix, que me jaló drásticamente asta una fantasía
sucia y repulsiva.
Entonces pensé que lo
único que comparto con ella (mi madre) es el sucio pasillo de hospital donde me
vio nacer, entre el aire infectado y enfermo bajo la cegadora luz blanca de las
lámparas de luz blanca, entre la peste de las clases más miserables de una
humanidad convaleciente. Mi primer contacto con la superficie; con este mundo
hostil de la humanidad enferma.
A veces pienso que todo
se originó ahí: este asco que casi siempre siento por vivir. Tal vez se generó
ahí, en mi primer contacto con el mundo. El único momento que mantiene unidos a
una madre con su hijo.
-
Wey, te voy a decir algo, pero no te
vallas a emputar.
-
¿Qué?
-
Es que la neta, eres un pinche raro wey.
Siempre hablas de cosas que a nadie le interesan, que a la gente no le gustan,
desagradables o que no importan. Solo hablas de coger como cerdos. Y siempre
encuentras las palabras para contradecir a todos, y te las arreglas, no sé como
para hacer sentir mal a los demás. Por eso es que cuando hablas, nadie dice nada,
solo te ignoran y se callan como si nadie hubiera hablado, porque a la gente no
le gusta lo que dices, aunque saben que es verdad lo que les dices.
-
¿A caso yo tengo la culpa de que la
gente sea tan pendeja? porque todo el puto mundo está plagado de pendejos, y
eso no me lo vas a negar.
-
No, no te lo voy a negar, pero
precisamente por eso, si sabes que el mundo está plagado de pendejos, ¿por qué
demonios llegas a intentar a hablarles de cosas que ellos no comprenden? Porque obviamente, no les interesan. ¿por qué
no, simplemente, les hablas de cosas triviales como el clima, el salario, o de
la mierda que proyectan en la tele?
-
Si lo hago y casi todo el tiempo,
siempre tengo que escucharlo, a veces asta me esfuerzo por dar un punto de
vista, pero la gente nunca se toma la molestia aunque sea un puto día y finge
interesarse por cosas distintas, a o lo que está socialmente establecido; y no
digo interesarse, al menos escuchar, o fingir hacerlo.
Al terminar la frase,
comprendí que la culpa era mía por no adaptarme simplemente, así como ellos,
sin quejarme, simplemente arrastrarme cómodamente con la corriente. Pero el que
lo reconozca, no significa que esté de acuerdo, o deje de molestarme.
Luego caminamos hacia
Zaragoza, a la parada de autobuses, esperamos la ruta 43, que nos llevaría a
Peñuelas, justo a la Calzada de Belén. Sin duda el trayecto más Kitsch de toda
mi vida, bueno al menos de lo que va del año. Casi tan grotesco como la ruta 33
a las 2 de la tarde en cualquier jueves.
El antro-bus llevaba
encendida la típica luz negra para darle un toque de fluorescencia al tugurio,
creando el ambiente de algún contemporáneo cabaret, de esos que más bien son
puteros a mitad de carretera, de esos rodeados de las cachimbas que frecuentan
los traileros.
Deslizamos nuestros
pasos por el pasillo asta la banca del fondo, mientras el auto-estéreo tocaba
uno de los muchos temas de José José. En la banca siguiente, de adelante de
nosotros, había un par de borrachos que cantaban abrazándose, y cuando la
canción se terminó, la pareja etílica comenzó a gritar, chiflar y aplaudir,
felicitando al chofer por su excelente elección musical. Mientras el muy
imbécil se sentía el pinchadiscos del año. Jaja <pensé> Hijoputa, ahora
resulta que cualquier pendejo “pincha” (recordando toda esa mierda de la nueva
oleada “Line-Up”)
Al ver tal escena,
digna de una peli de Alfonso Sallas, no pude evitar voltear a ver a Alex, a la
par volteó y al mirarnos los dos, no pudimos más que soltar una carcajada,
enorme como nuestra frustración. Por ver en su floreciente reproducción una
dinámica social que desde luego yo detesto.
Pero continuó el Set,
en seguida se escuchó el temazazazo clásico de clásicos, del Mesías
contemporáneo “El Buki” cuyo coro memoricé desde la infancia en las reuniones
horribles, de las que, en cuanto pude me deslindé, las patéticas fiestas
familiares, más bien parentales. Reuniones atiborradas de viejas gordas
enfundadas en su conjunto de poliéster color verde-aqua, siempre con un
horrible retazo de chiffon floreado enredado en el pescuezo para darle un toque
de sensualidad a su grasienta espalda (claro, según si distorsionadamente).Y el
coro dice así: Pero recuerdaaaa, nadie es
perfecto y tuuu lo veras.
Es la parte que me sé,
pero eso no fue todo, para colmo, a mi lado derecho venía una escuincla muy
molesta, que zapateaba mientras su madre y otra hembra humana adulta, se decían
una a la otra, en ese tono tan vulgarmente cantado y alargando siempre la
penúltima bocal: hay mi música favoriiiiita.
Comencé a sentir mucho
calor, una asfixia y un deseo incontenible de gritar y largarme. Abrace a Alex
y él se recargó en mi hombro. En la siguiente parada, el autobús se llenó como
blusa de gorda en la baja espalda, derramando sus lonjas desnudas, prietas por
el sol. Activé el bloqueo mental y rebobiné la cinta en mi cerebro. Analicé
cada detalle bajo la luz del cabaret: los personajes (Alex y Yo), el escenario,
los sonidos, los aromas, las texturas, los colores, los objetos y por supuesto
a los hologramas humanos de mi película. Hasta por fin descender del antro-bus
en la Calzada de Belén.
Me di otros pipasos,
realmente los necesitaba, mientras caminábamos hacia la unidad familiar
“recreativa” de SEDESOL donde Alex toma clase de no sé que disciplina mamona,
pseudo-oriental occidentalizada.
Mientras lo veía
entrenar, pensé en mi descontento absurdo, que se basaba en la falta de
protagonismo que creí vivir en mi propia historia. Nunca he podido soportarlo,
necesito notarme y estar en medio todo el tiempo; a través de todo lo que hago
en el fondo solo intento visibilizar la gris y uniformada existencia que me
arrastra.
Por eso es mi
descontento, el desacuerdo total, mi dadaísmo innato. En este afán de hacer las
cosas solo por contradecir a los demás. Para chocar contra la ola, acorazado
por una especie de obsesivo auto-amor; en la complejidad de mis múltiples
personajes. Detestando toda la mierda de este mundo absurdo, representación
descarada de la agonizante humanidad, con el ensueño de morfina que les nutre
de su desencanto explícitamente notorio. Entre el juego burlón de lo que
pretendemos. Lo que queremos y nunca lograremos ser.
Comprendí además, que
todo surge de una necesidad: pues entiendo que querer es un hambre de uno mismo
reflejado en los demás. Es la pesada ausencia de un “Yo” la que nos hace por
costumbre convivir con los demás.
Javier Salinas Rivera (Basura)
enero 2013
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